Domingo por la tarde. La frontera en la que comienza una nueva semana. Cierro los ojos deseando retomar fuerzas por un momento.
Vuelo nocturno hacia tí....
¡Dios! Hacía ya demasiado que no me permitía estas pequeñas huidas...
Soñé que estábamos ahí. Mas allá de la atmósfera, sobre una brillante estrella. Sentados, observando el universo. Asombrosamente, se podía respirar. El aire era tranquilo.
Mirábamos a la Tierra. El Mundo, inmenso y azul, estaba, al observarlo con mas detenimiento, harapiento y rasgado, con remiendos, gastado... y vi personas sufriendo, muriendo, perdiendo la esperanza...
De pronto vi algo más. Vi almas, paseándose por la superficie de la Tierra. Brillando como farolas en la oscuridad nocturna. Y las almas unieron sus manos, se sujetaron por los brazos y los pies, y formaron una gran red, una telaraña de almas. Y las almas eran moléculas, que se unían en células, para formar la nueva piel terrestre... Y el Mundo las absorbió, y los desgarros, los harapos, los remiendos... fueron reparados.
Nada está perdido para siempre.
El pesimismo es solo una impresión, una falsa ilusión con la que juega la vida. Una etapa del doloroso progreso, que insiste en extrañar lo que hemos dejado atrás. Pero se ve compensado enseguida, en cuanto elegimos mirar con mas detenimiento, y comenzamos a soñar con lo que viene.