Anoche me tocó pasar unas horitas en urgencias, acompañando a alguien. Nada grave, en realidad, pero cuando uno se pone malo un día fiesta, no le queda más remedio que las urgencias.
Un día tendría que ir sola, a observar, sin enfermo (que cuando uno está tenso, nervioso por alguien, no observa igual). Es un lugar curioso.
Anoche tenía la impresión de estar en un decorado, como de serie de televisión. Y esperaba ver pasar uno de esos heridos graves que vienen en ambulancia y camilla, con medio cuerpo fuera (con sangre de pega, claro, como procede en las series de televisión). Pero nada. Sólo esguinces, niños con problemas respiratorios y fiebre alta (bueno, como si eso no fuera grave), y cosas así.
Siempre he querido ser médico y estar en una de esas situaciones de las películas, en un restaurante, o en un avión, en las que alguien grita: "¿Hay un médico en la sala?".
Generalmente es para atender a una embarazada que está dando a luz. No digo que cualquiera pueda hacer eso, pero teniendo en cuenta que alrededor del 5% de los niños que nacen en Madrid, vienen al mundo de la mano de taxistas digamos que no es la cosa más complicada que hay.
Claro que a veces se trata de algo más complicado, y el médico tiene que actuar fríamente, con nervios de acero, y hacer un boca a boca, o practicar un masaje cardiaco para que el corazón vuelva a latir... A veces hasta rompen costillas. Pero lo hacen por el bien del paciente, claro.
Y entonces alguien se pone muy nervioso, y le tienen que dar una torta para que se tranquilice, por su bien, por supuesto. También cuando alguien se ahoga, hay que golpearle hasta dejarle semi-inconsciente, para que se deje rescatar. Otras veces alguien se atraganta y hay que hacerle la maniobra esa de nombre raro, para que expulse el hueso de pollo que no le dejaba respirar. En el peor de los casos, con un bolígrafo, se le abre una vía en el cuello, para que el aire pueda entrar...
Así que anoche me imaginaba en urgencias, y de pronto, un exceso de pacientes... Y alguien gritaba: "¿Hay algún médico en la sala? Estamos desbordados..." Y yo me levantaba... "esta es mi oportunidad", imaginándome que me iba a poner a hacer masajes, dar tortas, romper costillas... Entonces alguien decía que era una embarazada que iba a dar a luz. "Que tontería, que avisen a un taxista." Y me volvía a sentar en mi silla de la sala de espera.