Cada vez que intento recordarlo, se me viene a la cabeza aquella vez, hace casi un año, en la estación de tren. Él decía: "No llores, hija. ¡Hay que ser fuerte! ¡Tienes que ser fuerte!".
Y apretaba los puños.
desde entonces sólo sé llorar en modo resumido.
Cuatro lágrimas y ya.
El resto por dentro, como los fuertes.
(Y luego me sorprendo al sentir que me estoy volviendo de piedra)