Poniendo orden (post sincero)

Enlace permanente 10.12.05 04:18

Han pasado tantas cosas en el último mes, y de casi todas ellas no he hablado en el blog, que no sabría por donde empezar.
En general contar lo que pasa cada día me parece complejo (que no complicado, ni difícil, eh?) ya de por si. Y además aburrido. Pero cuando se juntan actividades, encuentros, conversaciones, reflexiones, decisiones… y se mezclan bien… beberse un cóctel así de un solo trago da lugar a una gran borrachera de sensaciones que resulta difícil transcribir.

Me he sentido muy feliz y a la vez preocupada por el futuro, he disfrutado del presente, y me he angustiado por que las cosas no salían como nos hubiera gustado. Egoísta y al mismo tiempo totalmente vertida en ti,…
Y ahora se ha acabado nuestro momento y no se muy bien como sentirme.
Supongo que volveré a helarme por dentro, para que no me duela. A dejar que el tiempo corra, y pase rápido, lleno de planes, y de salidas, y de compras, y de visitas.
Hasta que vuelva a detenerse para que nos re-encontremos.
Tenemos suerte: será pronto. Las fiestas y la vuelta a casa están a la vuelta de la esquina.

En realidad yo no quería escribirte este post, pero se ha girado hacia a ti porque es en ti en quien no puedo parar de pensar.

Yo quería hablar, llamar, invocar a la cordura y a la paz interior que me gustaría llevar conmigo estos días que regrese a casa.
Porque siento que los que se quedaron siempre prefieren escucharme decir que todo me va bien, y no que la soledad es triste. Y yo también prefiero escucharme decir que todo anda bien, la verdad. Y aparecer feliz, y que sea verdad (y quien no).
Aunque en realidad me conformo con disfrutar de un poco de paz interior. Porque aunque no sea fácil de entender, volver a casa por unos días es complicado: uno se da cuenta de que se ha despegado, de que ya no esta, de que las cosas cambian y lo que era de uno ya no lo es tanto, la “casa” se hace pequeña, algunas de las mentes de los de siempre un poco también…
Y así como en el extranjero uno a ratos se cree especial, diferente (que no mejor, que conste) valiente (porque eso ayuda a seguir tirando del carro de la vida en los ratos difíciles), al volver a casa es el de siempre, y toca darse de bruces con la sensación de ser normal y con la imagen pasada que quedo, con lo que uno ya no es. Porque aunque intente que no sea así, uno cambia.
Y como se que vivir ese “reencuentro” es un choque difícil de asimilar en unos días (yo creo que mas difícil incluso que el jet-lag), más me vale un poco de calma interna para afrontarlo…

De dónde la saco ahora que te has ido, eh?