Aún no dispongo de internet en casa, y el ritmo de trabajo (así como esa sana vergüenza inicial que el tiempo va diluyendo) no me dejan demasiado tiempo libre para postear desde el curro. Por eso tengo el blog desatendido últimamente... espero me sepan disculpar.
Si Telefonica cumple con lo prometido (jeje, suena a chiste), en más o menos una semanita tendré acceso a la red desde mi nuevo hogar, y les contaré novedades.
Entre otras, un rápido cambio de departamento en el trabajo me va a permitir seguir en contacto con el mercado chino... y es posible que alguna que otra vez (quien sabe) me toque viajar para allá...
No crean que me arrepiento de la vuelta, a pesar de que el post anterior hable de nostalgia. Si estoy de nuevo en España es porque quería. Demasiadas cosas me esperaban aquí, paradas. Y está siendo un auténtico placer retomarlas poco a poco. ![]()
Estoy feliz (sin falsas ilusiones, ese tono de felicidad moderada realista): me gusta mucho lo que hago en el trabajo, estoy (re?-)descubriendo Madrid, re-descubriendo España, re-tomado amistades, relaciones familiares, y de otros tipos... Al fin el cielo es azul sobre mi cabeza...
Aunque no se vayan a pensar. Echo de menos, en mis recuerdos, que empiezan a mitificarse, cosas de mi vida en China. Los cambios, es lo que tiene. Y por eso me hacia gracia leer este pasaje de "[i]El antropólogo inocente[/i]", de Nigel Barley, esta mañana, en el autobús:
[i]"Toda separación te deja una sensación de vacío, un ligero regusto de soledad cósmica. Resulta difícil no empezar a olvidar de inmediato que el estudio de campo consiste fundamentalmente en un aburrimiento, una soledad y una desintegración mental y física intensos. Sobre tu memoria desciende una neblina dorada, los salvajes se vuelven más nobles, el ritual más impresionante, el pasado se reestructura para conducir inexorablemente a algún gran propósito del presente."[/i]
Y con esto y un bizcocho..., hasta la semana que viene (?)
Me esperarán?