Hay situaciones en las que se establecen, sin querer, preguntas típicas. De las odias que te hagan la primera vez, pero además tus conocidos, te hacen sin parar, uno detrás de otro.
Cuando llevas un tiempo trabajando, que para cuando el coche, la casa…
Cuando llevas ya unos cuantos años saliendo con una persona, debe resultar muy divertido picarte preguntándote cuando te casas.
Cuando te casas (o llevas un tiempo viviendo con alguien, de forma estable), que para cuando el bebé.
En las ocasiones en las que regresaba de China por vacaciones, las preguntas más repetida (además del “bueno, y que tal por China?”, “pero como se te ha ocurrido ido para allá?”) estaban relacionadas con la comida. “Y que tal la comida: es como la de los restaurantes de aquí?” “Pues te tienes que hartar de comer sushi, no?” Y la que mas detestaba: “de verdad comen perro?”
Ahora que vivo en Madrid, la pregunta más frecuente (además del “que tal por Madrid?”, o “y que haces allí?”) es “y que tal es Madrid para vivir?”, o “te gusta la ciudad?”. La verdad es que no suelo andar muy sobrada de recursos para contestar, en estas ocasiones.
Aunque me considero una incipiente mujer de mundo (apenas han sido dos los países, distintos de España, en los que he vivido de forma estable, y me temo que he viajado mucho menos de lo que me gustaría), he de decir que, tras 5 meses viviendo en Madrid, apenas la conozco.
Sí, soy una más de las que se vienen a Madrid porque les ha salido un trabajo, una “chica de provincias en la capital”. Y me muevo con muy poca soltura por sus calles, me manejo poco con su transporte público: nunca salgo sin el callejero y el plano de metro bajo el brazo.
Todo porque no me he molestado demasiado, que conste (sale aquí mi orgullo, gallito, reivindicando que no es por falta de capacidad, sino de interés).
Eso no impide que me resulte paradójico: es mi país, mi capital, la gente y los carteles hablan mi idioma. Se supone que debería mostrar más interés, debería resultarme más agradable, más fácil, no?
Quizás por eso aún no puedo decir Madrid me guste como ciudad, que me disfrute de vivir aquí. Y bajo la voz para responder a esas preguntas de conocidos, doy evasivas, tanto como antes la elevaba para denunciar los equívocos, defender la gastronomía china, o luchar contra los manidos tópicos culturales.