Gris marengo

Enlace permanente 31.01.07 00:17

Puede que sea uno de esos dias, quien sabe, con las hormonas nunca hay quien acierte.

O puede que sea para el bolsillo, el país, la infancia, el mundo o más allá, para quien no es un buen día.

Seguramente ni siquiera debería estar escribiendo este post hoy (y no, no es porque esté bajo los efectos del alcohol ni de las drogas).

El caso es que hoy todo parece taaan gris...

Menos mal que hay quien sigue gritando (a veces incluso cantando) que It's not too late!

Que nieva, que nieva...

Enlace permanente 25.01.07 22:20

Allá que nos vamos, mañana, a la boca del lobo (quien sabe si llegaremos, o dormiremos en un asiento de autobús, en la cuneta de algún puerto de carretera), a montaña leonesa.
A hacer snow!
Bueeeno, a intentarlo, entre culada y culada.
No sé si prometer fotos... :roll:

Un poco de nostalgia

Enlace permanente 22.01.07 09:28

Hoy he descubierto, casi por casualidad, 365 Dias en Pekin , y he empezado a ver con otros ojos a MaLiYa. De ella sólo conocía lo que veía pasar en los mensajes de una lista de correo a la que me admitieron cuando andaba por las chinas (y que incluye a montones de españoles que han tenido o tienen algo que ver con Pekín).

MaLiYa anuncia en 365 Dias en Pekin el final de una época, el final de su estancia en la ciudad (aunque puede que solo sea un punto y seguido).
Es una pena llegar tan tarde, pero creo que va a ser todo un placer descubrir las sensaciones pasadas de la autora...

Como muestra, la cita que define su espacio, que ha gustado, y me ha hecho pensar en cosas que yo también he sentido:

[i]"Uno nunca se recupera del todo cuando deja un trozo de su vida atrás, cuando sabe que esa época ya no volverá porque estarás empezando un nuevo tramo en otro lugar. Probablemente serás igual de feliz o de triste, pero es inevitable sentir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Somos así de estúpidos, así de insatisfechos con lo que nos ocurre en el momento."[/i]

Madrid, Madrid, Madrid...

Enlace permanente 18.01.07 07:48

Hay situaciones en las que se establecen, sin querer, preguntas típicas. De las odias que te hagan la primera vez, pero además tus conocidos, te hacen sin parar, uno detrás de otro.

Cuando llevas un tiempo trabajando, que para cuando el coche, la casa…
Cuando llevas ya unos cuantos años saliendo con una persona, debe resultar muy divertido picarte preguntándote cuando te casas.
Cuando te casas (o llevas un tiempo viviendo con alguien, de forma estable), que para cuando el bebé.

En las ocasiones en las que regresaba de China por vacaciones, las preguntas más repetida (además del “bueno, y que tal por China?”, “pero como se te ha ocurrido ido para allá?”) estaban relacionadas con la comida. “Y que tal la comida: es como la de los restaurantes de aquí?” “Pues te tienes que hartar de comer sushi, no?” Y la que mas detestaba: “de verdad comen perro?”

Ahora que vivo en Madrid, la pregunta más frecuente (además del “que tal por Madrid?”, o “y que haces allí?”) es “y que tal es Madrid para vivir?”, o “te gusta la ciudad?”. La verdad es que no suelo andar muy sobrada de recursos para contestar, en estas ocasiones.

Aunque me considero una incipiente mujer de mundo (apenas han sido dos los países, distintos de España, en los que he vivido de forma estable, y me temo que he viajado mucho menos de lo que me gustaría), he de decir que, tras 5 meses viviendo en Madrid, apenas la conozco.

Sí, soy una más de las que se vienen a Madrid porque les ha salido un trabajo, una “chica de provincias en la capital”. Y me muevo con muy poca soltura por sus calles, me manejo poco con su transporte público: nunca salgo sin el callejero y el plano de metro bajo el brazo.

Todo porque no me he molestado demasiado, que conste (sale aquí mi orgullo, gallito, reivindicando que no es por falta de capacidad, sino de interés).

Eso no impide que me resulte paradójico: es mi país, mi capital, la gente y los carteles hablan mi idioma. Se supone que debería mostrar más interés, debería resultarme más agradable, más fácil, no?

Quizás por eso aún no puedo decir Madrid me guste como ciudad, que me disfrute de vivir aquí. Y bajo la voz para responder a esas preguntas de conocidos, doy evasivas, tanto como antes la elevaba para denunciar los equívocos, defender la gastronomía china, o luchar contra los manidos tópicos culturales.

Tus amigos no te olvidan

Enlace permanente 16.01.07 18:33

No sirven ya de nada las excusas ante los amigos por no haber llamado, no haber escrito, no haber quedado aquella vez que andabas cerca… Las cosas se han ido convirtiendo poco a poco en lo que son, y te toca aceptarlo. Tu círculo de amistades se ha ido reduciendo, por trabajo, pareja, familia, el hecho de vivir en otra ciudad.

Te das cuenta de lo desastre que eres, por haber dejado pasar tanto el tiempo. Aunque que no te hayas animado antes no significa que hayas pensado en ellos. Sólo que estabas demasiado ocupado adaptándote a las nuevas situaciones que te han ido surgiendo: nuevo trabajo, nueva ciudad (o país), nueva gente alrededor. La mezcla de tus inseguridades y tus planes de futuro, los ratos en los que te eras el rey del mundo, y aquellos en los que te sentías sólo y desconcertado te han ocupado demasiado.

Un día te descubres pensando en toda esa gente que conocías, te preguntas que será de sus vidas. Te entran ganas de llamarles, escribirles, retomar el contacto por un momento.

Deseas que ellos sientan lo mismo, que no hayan dudado ni por un momento que seguías ahí, que podían contar contigo, que seguías acordándote, aunque no tuvieras tiempo para escribir o llamar.

Deseas que, a pesar del tiempo, no sientan que les dejaste tirados (aunque lo hicieras un poco), que estén deseando saber de ti tanto como tú de ellos, y volver a verte, como antes, y reír…

Y empiezas a marcar ese número, o a escribir ese mail, mientras te imaginas, consiguiendo quedar, por fin, para disfrutar entre carcajadas y recuerdos de esa pizza, ese café, o esa cervecilla que os sirve como excusa, para poder pasar un rato tranquilo poniéndoos al día. Y volver a empezar.

Quedarse o partir?

Enlace permanente 14.01.07 21:16

En mi (cada vez menos) corta experiencia de vida, me ha tocado ya vivir unas cuantas despedidas.
Muchos hasta luegos, (quiero creer que) menos hasta prontos, unos pocos hasta siempres.
Y una de las preguntas que me suelo hacer en estas ocasiones es cuál suele ser el papel más difícil: el del que se va, o el del que se queda? Pienso que, a menudo, suele ser más duro marcharse. Y, sin embargo, cuando me toca jugar el rol del que permanece... tampoco resulta ser nada sencillo...

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