En mi (cada vez menos) corta experiencia de vida, me ha tocado ya vivir unas cuantas despedidas.
Muchos hasta luegos, (quiero creer que) menos hasta prontos, unos pocos hasta siempres.
Y una de las preguntas que me suelo hacer en estas ocasiones es cuál suele ser el papel más difícil: el del que se va, o el del que se queda? Pienso que, a menudo, suele ser más duro marcharse. Y, sin embargo, cuando me toca jugar el rol del que permanece... tampoco resulta ser nada sencillo...