Ahi seguía, la jodía París.
Practicamente igual, incambiada, permanente, como si no hubieran pasado los dos años y pico que hacía que no regresaba.
Revisitar sus calles. Seguir siendo capaz de orientarme, de reconocer las esquinas, las salidas de metro.
Extraña, bendita memoria.
Deseabe increiblemente volver a verla.
La ciudad que he vivido más intensamente hasta ahora.
Apenas nos han dado un día para saludarnos, y no hemos podido contarnos casi nada, acerca del tiempo pasado.
Me ha sabido a bien poco.
Quiero regresar. Pronto. Ojalá...