Pues apañándoselas para ponerse a escribir posts en varias servilletas de 12x8 cm, que vayan conformando preciosos dibujos de pajaritos y casitas... (paranoias)
Lo cierto es que cada vez se me hacen menos pesados estos vuelos tan largos. Debe ser la práctica. Aunque los tiempos se alargan, en lo que a percepcion se refiere, en los aparatos que no disponen de pantalla individual, para cada pasajero. Ayer fue el caso. Las películas en la pantalla general, sin posibilidad de cambiar, ni avanzar, ni atrasar, y un par de ellas solo en japonés o alemán (como pueden no usar inglés??).
Así que a ratos, como no me dormía, y no llevaba encima nada para leer que no fuera de trabajo (que para un rato, vale, pero luego releer y releer...), me dediqué a mirar la noche por la ventanilla. En contra de la dirección de rotación de la tierra, nos alcanzó el crepúsculo, y lo fuimos persiguiendo todo el viaje. Así que, a lo lejos, constantemente se veía la luz de sol, tratando de escapar de nosotros, y formando las combinaciones de colores más inverosímiles.
El mejor rato fue cuando salió la luna, sobre el horizonte norte, medio llena... y durante un largo rato, pude observar uno de esos espectaculos naturales que hacen sentir la magnificencia del universo desconocido, y la pequeñez del propio yo. Fantástico!
