Me inunda últimamente el deseo de cambio. No es nuevo. Pienso en embarcarme en nuevas actividades y proyectos, en cambiar de casa, de forma de vida, incluso de trabajo. Impulsiva en algunas ocasiones, suelo sin embargo pensármelo bastante. Y como me agobia la sensación de no hacer efectivo lo que decido, suelo acabar consiguiendo lo que me propongo.
Pero no siempre.
Hay quien lo llama ser un primo, un idiota, demasiado bueno, o tener poco carácter.
El otro día me preguntaban en una entrevista de trabajo por mis tres mayores defectos. Si hubiera sido sincera, tendría que haber dicho que:
- en general, soy una indecisa,
- ponerme dura con alguien durante más de media hora me cuesta un tremendo esfuerzo, y,
- soy tan maleable y capaz de ponerme en la piel del otro que, muchas veces, me hago responsable de situaciones que no me corresponden para nada
En relación con esto, me hacían otra doble pregunta. Cuenta una situación que demuestre tu mano izquierda (diplomacia) y tu mano derecha (capacidad de mando). ¿Mano izquierda? Miles de ideas, ejemplos? ¿Mano derecha? Esteeee, mmmm?. ¡Horror!
He decidido que esto es algo que tengo que solucionar, y pronto. Porque veo que, de seguir así:
- en el trabajo jamás conseguiré las condiciones que me merezco, ni seré capaz de cambiar para conseguirlas?
- en mi vida personal acabaré viviendo donde no quiero, con gente con la que no sé si quiero vivir?
- iré posponiendo una y otra vez actividades y planes (idiomas, viajes, grandes proyectos) que tengo en la cabeza y no se realizarán jamás?
Ha llegado la hora de ponerse seria (quizás hasta de ser un poco mala??).