Me siento delante de la pantalla de mi portátil sin saber demasiado bien sobre qué voy a escribir. Las manos apoyadas en el teclado, reflexiono.
Las ideas se agolpan en mi cabeza, como hacía tiempo que no me pasaba. No hay demasiado orden, ni una intención clara.
Necesito vacaciones, parar, tumbarme sobre la hierba fresca, bajo un sol medio, que me acaricie la cara con su calor, y mirar cómo pasan las nubes durante horas.
Quiero establecer prioridades en este momento de perspectiva que ha surgido de la nada sin que yo fuera buscándolo. Familia, amigos, trabajo, mundo, fines, deseos, intenciones, motivos, necesidades, formas, consecuencias...
Vivo en una maleta llena hasta los topes.