Si, durante un fuerte terremoto, algún avión sobrevuela la zona, ¿es posible percibir algo?
¿Se transmiten, de alguna manera, las vibraciones terrestres, al aire y, por tanto, al aparato?
Si, durante un fuerte terremoto, algún avión sobrevuela la zona, ¿es posible percibir algo?
¿Se transmiten, de alguna manera, las vibraciones terrestres, al aire y, por tanto, al aparato?
(Escrito el pasado 18 de Octubre de 2010, sobrevolando Marruecos y Mauritania.)
Hoy he visto el desierto. He visto dunas, y arena. Y ese característico color amarillento/anaranjado, interrumpido de pronto por lo que me han parecido ser los restos de auténticos torrentes de agua. Quizás la de la estación de fuertes lluvias? La caída con violencia sobre superficies no preparadas para acogerla, y por tanto destinada a fluir, arrasadora, camino del mar.
A lo lejos, por momentos, la línea de la costa. Claramente definida, y aparentemente natural. De cuando en cuando (mucho cuando) lo que desde el aire parece ser un pequeño espolón de protección, o para atraque de barcos. En tierra, quizás, un gran puerto. Tan vez hasta una gran ciudad, o una gran zona industrial?
Más arriba, en el aire, mares de nubes. Queridas nubes, amigas y compañeras en los largos viajes de avió. Apasionantes trazos en el cielo.
Como siempre, diferenciadas capas. La superior, que sobrevolamos (más de 10.000 metros de altitud, -55ºC en el exterior del avión, ha dicho el piloto… 850km/h…) marca una frontera. Entre dos capas atmosféricas, quizás?
El efecto de la diferencia de gases, y temperaturas, o quién sabe qué, se acrecienta con los reflejos de la luz solar.
Incluso en las zonas sin nubes, el reflejo (sobre el horizonte rojo, luego naranja, amarillo, blanco? y azul, cada vez más oscuro) crea cierta sensación de bruma. Que a ratos impide ver claramente hacia abajo, el suelo…
Y tanto menos cuanto más anochece, cuando el sol se va poniendo sobre el horizonte… allá, allá lejos… Las luces dentro del avión se atenúan, como en las gradas de un teatro, para dirigir la atención al espectáculo.
Últimos rayos, lentos, coloreados. Y luego, oscuridad.
Lugares visitados en las dos últimas semanas: León, Madrid, Valladolid (por supuesto), Hannover y Celle (Alemania), Zaragoza,...
El domingo empieza la re-visita a Senegal.
Y en el horizonte asoma Dubai...
La buena (?) noticia es que me he agenciado una Black Berry. Al menos, con tanto desplazamiento, no estaré tan desconectada. Y puede que hasta aprenda a twittear y bloggear desde ella. Reto a la vista!
En carretera, me ponen de mal humor los que, mientras adelantas por el carril izquierdo, se pegan al culo de tu coche, con el intermitente izquierdo puesto, dando ráfagas con las largas, y pidiendo paso. Todo a 130km/h o más.
No creo que conduzca mal, la verdad. Suelo tener cuidado de no estorbar a otros cuando empiezo las maniobras, uso intermitentes, velocidades adecuadas a las circunstancias, respeto...
Cuando me encuentro en una circunstancia así, donde, una vez comenzado el adelantamiento, el de atrás surge de la nada, porque venía a 180 km/h... me dan ganas de pegar un frenazo, a ver si le meto miedo, y aprende lo que quiere decir el concepto "distancia de seguridad".
En general, me quedo con las ganas: o acelero más aún y me doy prisa en dejarle pasar, o, si me pillan de mal humor, levanto un poco el pie del acelerador y les hago esperar un pelín más de lo que debiera.
Eso sí, en general, en ninguno de los dos casos me libro de "la miradita". Esa que conecta ambos conductores cuando el de atrás, el de las prisas, por fin consigue adelantarme.
Menos agresividad, señores. Que conducir ya es de por sí peligroso...